Abril 2013: Atendiendo el autismo Las familias tienen razones para sentir esperanza

 

por Brita Belli

Los padres de niños autistas se sienten motivados al observar una mejoría después de eliminar el gluten (trigo) y la caseína (lácteo) de las dietas de sus hijos. Ahora un estudio de padres apoya la correlación. Para algunos niños del espectro autista, la dieta libre de gluten y caseína (GFCF, por sus siglas en inglés) parece estar relacionada con cambios sorprendentes. Laura Cousino Klein, profesora asociada de salud bioconductual y desarrollo humano del Colegio de Medicina de Penn State, ayudó a dirigir una investigación en la que fueron encuestados 387 padres o cuidadores de niños afectados. Para los que tienen un diagnóstico combinado de autismo y problemas gastrointestinales o sensibilidad a los alimentos, la dieta GFCF produjo mejorías marcadas en la conducta relacionada con sus trastornos del espectro autista (ASD, por sus siglas en inglés) y redujo la hiperactividad y las rabietas; minimizó el estreñimiento y las convulsiones y mejoró la conducta social.

Klein señala que los científicos aún continúan trabajando para entender la interacción entre el cerebro, el intestino y la conducta, pero los hallazgos recientes sugieren que existe una relación significativa. “Una de las hipótesis es que al eliminar los factores desencadenantes de la dieta en presencia de alergias a los alimentos o problemas gastrointestinales, se reduce la inflamación o irritabilidad del sistema inmunitario que afecta la forma en la que funciona el cerebro”, indica.

Un revés dietético

Cindy Schultz, una mamá de Racine, Wisconsin, defensora incansable de los derechos de su hijo autista, indica: “Cuando mi hijo era bebé, siempre sufría de estreñimiento o diarrea. Nunca hubo un punto medio”. La dieta GFCF ha mejorado su salud y su capacidad de comunicarse. Shauna Layton, de Clinton, Indiana, dice que su hijo tenía problemas similares al evacuar y que también observó un cambio marcado en sus capacidades de lenguaje e interacciones sociales y que han seguido una dieta GFCF y eliminado el azúcar y la levadura. Otros padres de su grupo de apoyo en línea, Together in Autism, informan éxitos similares. “Algunos niños nunca habían hablado y ahora dicen ‘Mamá’, ‘Papá’ o ‘Te quiero’ por primera vez”, indica Layton. Falta por identificar una relación definitiva entre los intestinos y el cerebro. Según la Academia Americana de Pediatría (AAP, por sus siglas en inglés), algunos científicos sugieren que los niños autistas tienen mayor probabilidad de tener síndrome de intestino “agujereado” (permeabilidad intestinal), lo que permite que los péptidos del gluten y la caseína salgan del tracto digestivo, crucen las membranas intestinales, entren al torrente sanguíneo y vayan al cerebro y causen los síntomas neuroconductuales conocidos como ASD. Si bien la AAP no está al tanto de algún tipo de prueba científica que evidencie que una dieta GFCF brindará beneficios, indica que es posible, especialmente en personas que sufren enfermedad celiaca. Los padres también han observado que los colorantes de alimentos pueden exacerbar la hiperactividad en los niños, una conexión no confirmada por el gobierno federal. En 2011, el Comité Asesor de la Administración Federal de Drogas y Alimentos sugirió que se debían hacer estudios adicionales, pero votaron en contra de añadir requisitos adicionales a las etiquetas de los alimentos para colorantes potencialmente peligrosos. Mientras, algunos padres afirman que eliminar dichos colorantes los ha ayudado a manejar mejor el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (ADHD, por sus siglas en inglés) de su hijo. Un estudio de 2011, que tomó en cuenta 35 años de investigación, descubrió que muchos niños con ADHD mostraron una mejoría significativa después de eliminar los colorantes de su dieta; también reflejó que más del 70 por ciento se benefició positivamente como resultado de varios cambios en la dieta. Los resultados fueron lo suficientemente prometedores como para que los investigadores concluyeran que: “Es adecuado probar una dieta de eliminación para los niños que no han respondido de forma satisfactoria al tratamiento convencional”.

La función de la vitamina D

Un estudio de 2012 publicado en el Journal of Neuroinflammation descubrió que los niños autistas tienen niveles significativamente más bajos de vitamina D que los sujetos de control. La vitamina D, señala el estudio, regula la función inmunitaria y, por lo tanto, la autoinmunidad; cuando el sistema inmunitario se ve afectado y el cuerpo se ataca a sí mismo, esto puede desempeñar una función en el desarrollo del autismo. El Dr. John Cannell, fundador del Consejo de la Vitamina D, una organización sin fines de lucro, señala que el miedo a la exposición excesiva al sol ha llevado a deficiencias. “La vitamina D no es una vitamina”, aclara Cannell. “Es un sistema de hormonas esteroides que comienzan en la piel. Si los niños no reciben fotones de la luz UVB, no producen vitamina D.” También observa que el aumento en las tasas de autismo en los últimos 25 años concuerda con los aumentos en el uso de bloqueadores solares de más de 50 SPF, estar más tiempo dentro de la casa y el aumento en la lactancia. Como la leche materna contiene solo cantidades mínimas de vitamina D, desde 2003 la AAP ha hecho hincapié en la importancia de añadir gotas de suplementos de vitamina D a los bebés lactantes. El mismo estudio de vitamina D demostró que la severidad del autismo tiene una correlación marcada con las deficiencias de esta vitamina y que cuanto más alto es el nivel, menor la severidad de los síntomas. Cannell ha evidenciado este fenómeno a través de una clínica ofrecida por el Consejo de la Vitamina D y recomienda aumentar los niveles de vitamina D en los niños autistas a “niveles altos normales” y reducir la vitamina A, que bloquea la acción de la vitamina D. “Tenemos niños en 5,000 a 10,000 unidades de vitamina D al día”, informa Cannell. “Hemos visto mejorías en el sueño, los colapsos, el contacto visual, la capacidad cognoscitiva, las destrezas motoras finas, el lenguaje y la lectura, a lo largo del espectro.” Brita Belli es autora del libro The Autism Puzzle: Connecting the Dots Between Environmental Toxins and Rising Autism Rates. # # #

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